La lectura del cuento "1945" de Manuel Vázquez Montalbán produjo, de manera unánime, la satisfacción y el placer de todos los lectores. El estilo ágil y la narración sin preciosismos, llevados por la memoria del niño narrador o por el escritor que retorna a la edad de seis años, permite imaginar ese retablo de personajes del Raval de la posguerra: afiladores, mendigos, cantantes, gitanos buhoneros, mujeres de mala vida, estraperlistas, algún vencedor y muchísimos vencidos, pobres con más o menos dignidad en un contexto miserable pero revivido con la ternura del escritor que vuelve a la infancia.
Son muchas la referencias históricas que se entrecruzan en el relato: la ley de Azaña, los desmanes de las milicias de la FAI, la cárcel por "rojo", el exilio en Francia, los atracos de la guerrilla urbana, la tuberculosis. De todo ello hablamos y también del microrrelato "Nagasaki" de Alfonso Sastre que en sus once líneas resume los horrores de la guerra del Siglo XX.
Hasta nuestra próxima cita el miércoles 9 de diciembre a las 15.00 en el Instituto Cervantes de Toulouse.
BLOG DEL CLUB DE LECTURA DE LA BIBLIOTECA DEL INSTITUTO CERVANTES DE TOULOUSE
viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 29 de octubre de 2009
Retomamos el Club con "1945" de Manuel Vázquez Montalbán

El próximo miércoles 18 de noviembre a las 15.00, en el salón de actos del Instituto Cervantes de Toulouse, comentaremos el cuento "1945" de Manuel Vázquez Montalbán, extraído del libro Cuentos históricos, de la piedra al átomo (2003) de la editorial Páginas de Espuma.
Todavía quedan plazas para apuntarse a nuestro Club.
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Manuel Vázquez Montalbán
viernes, 26 de junio de 2009
Punto final: dos cuentos de Quim Monzó

No nos dio tiempo de anunciarlo con antelación a los seguidores de este blog y nos disculpamos por ello. Hemos llegado al final de curso con cierta saturación de tareas y el blog se ha resentido un poco en esta última etapa.
En esta última sesión, del pasado miércoles 24 de junio, comentamos dos cuentos del escritor Quim Monzó, extraídos del Libro: El mejor de los mundos ( Barcelona: Anagrama, 2002): "Mi hermano" y "El niño que se tenía que morir".
Si, como bien nos dijo nuestra compañera y lectora Beatriz, los cuentos de Monzó se pueden dividir en lírico-realistas y en fantástico-grotescos, no cabe duda que "Mi hermano" es un relato fantástico-grotesco: en plena comida navideña, el hermano pequeño del protagonista muere sobre el plato de turrón. El protagonista, ante la estupefacción de sus padres, y con el fin de evitarles el doloroso trance que supone la muerte de un hijo, decide iniciar la absurda farsa de simular una indisposición y se hace cargo del "muerto", vistiéndolo, desvistiéndolo, llevándolo al instituto e incluso acompañándolo a vivir con la nueva novia de su hermano que, como el resto de la sociedad que los rodea, aprecia la discreción y el silencio del hermano, sin percatarse de su muerte. Por su puesto, los libros de taxidermia del padre del protagonista, le serán de gran ayuda al protagonista.
En este cuento percibimos una cierta ternura, una emotividad contenida (sobre todo en la relación del protagonista con sus padres) que no es muy habitual en los cuentos de Monzó. Se trata de una metáfora que pone en tela de juicio dos temas recurrentes en muchos de los cuentos que hemos leído en nuestro club este año: la dificultad que tenemos en las sociedades actuales de comunicarnos y de entablar relaciones personales no traumáticas y, por otra parte, la evasión de la realidad y el refugio en una existencia paralela que permita una existencia más placentera, menos frustrante o dolorosa.
El segundo cuento que comentamos, "El niño que se tenía que morir", se podría enmarcar en la clasificación "lírico-realista" de la que hablábamos más arriba. Aquí el protagonista es un niño de diez años que acompaña todos jueves a su madre costurera a casa de una familia burguesa de Barcelona, cuyo único hijo de 8 años padece una enfermedad que le obliga a permanecer en la casa. El protagonista, que relata su experiencia con la franqueza desinhibida de los niños de su edad, acompaña en esas horas al niño enfermo, juega con la gran batería de juguetes que posee este último y tiene la firme convicción de que, cuando el niño se muera, será compensado con la merecida herencia de muchos de esos juguetes o, al menos, con su juguete preferido: el juego de baloncesto. La muerte se produce, las semanas pasan, y la ansiedad, la indignación y el rencor del niño se suceden sin que los padres se acuerden de él, de sus momentos de juego en común y del derecho que tiene a hacerse con su merecida recompensa.
La acción transcurre en la España de fines de los años cincuenta, años de precariedad y de notables diferencias sociales que el autor quiere subrayar, en un ambiente exento de todo sentimentalismo en el que el cruel egoísmo del niño contrasta se justifica en cierta manera por la indiferencia y el olvido en los que caen sus "justas" pretensiones. Un mundo corriente egoísta y falto de piedad.
En esta última sesión, del pasado miércoles 24 de junio, comentamos dos cuentos del escritor Quim Monzó, extraídos del Libro: El mejor de los mundos ( Barcelona: Anagrama, 2002): "Mi hermano" y "El niño que se tenía que morir".
Si, como bien nos dijo nuestra compañera y lectora Beatriz, los cuentos de Monzó se pueden dividir en lírico-realistas y en fantástico-grotescos, no cabe duda que "Mi hermano" es un relato fantástico-grotesco: en plena comida navideña, el hermano pequeño del protagonista muere sobre el plato de turrón. El protagonista, ante la estupefacción de sus padres, y con el fin de evitarles el doloroso trance que supone la muerte de un hijo, decide iniciar la absurda farsa de simular una indisposición y se hace cargo del "muerto", vistiéndolo, desvistiéndolo, llevándolo al instituto e incluso acompañándolo a vivir con la nueva novia de su hermano que, como el resto de la sociedad que los rodea, aprecia la discreción y el silencio del hermano, sin percatarse de su muerte. Por su puesto, los libros de taxidermia del padre del protagonista, le serán de gran ayuda al protagonista.
En este cuento percibimos una cierta ternura, una emotividad contenida (sobre todo en la relación del protagonista con sus padres) que no es muy habitual en los cuentos de Monzó. Se trata de una metáfora que pone en tela de juicio dos temas recurrentes en muchos de los cuentos que hemos leído en nuestro club este año: la dificultad que tenemos en las sociedades actuales de comunicarnos y de entablar relaciones personales no traumáticas y, por otra parte, la evasión de la realidad y el refugio en una existencia paralela que permita una existencia más placentera, menos frustrante o dolorosa.
El segundo cuento que comentamos, "El niño que se tenía que morir", se podría enmarcar en la clasificación "lírico-realista" de la que hablábamos más arriba. Aquí el protagonista es un niño de diez años que acompaña todos jueves a su madre costurera a casa de una familia burguesa de Barcelona, cuyo único hijo de 8 años padece una enfermedad que le obliga a permanecer en la casa. El protagonista, que relata su experiencia con la franqueza desinhibida de los niños de su edad, acompaña en esas horas al niño enfermo, juega con la gran batería de juguetes que posee este último y tiene la firme convicción de que, cuando el niño se muera, será compensado con la merecida herencia de muchos de esos juguetes o, al menos, con su juguete preferido: el juego de baloncesto. La muerte se produce, las semanas pasan, y la ansiedad, la indignación y el rencor del niño se suceden sin que los padres se acuerden de él, de sus momentos de juego en común y del derecho que tiene a hacerse con su merecida recompensa.
La acción transcurre en la España de fines de los años cincuenta, años de precariedad y de notables diferencias sociales que el autor quiere subrayar, en un ambiente exento de todo sentimentalismo en el que el cruel egoísmo del niño contrasta se justifica en cierta manera por la indiferencia y el olvido en los que caen sus "justas" pretensiones. Un mundo corriente egoísta y falto de piedad.
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viernes, 29 de mayo de 2009
Comentando los cuentos de Jorge Cuba Luque y una poesía de Isabel Pérez Montalbán
Empezamos la reunión comentando la poesía "Viviendas fundación benéfico-social", de Isabel Pérez Montalbán (que podéis consultar en el blog Las afinidades electivas ), de la que resaltamos su crítica social en un relato en el que los recuerdos de infancia retornan al mundo de las barriadas protegidas, construidas por el Estado pensando "en los más pobres y en nuestra natural inclinación al revoltijo y a la bronca", con "sus cubiertas de teja a dos aguas como idénticas jaulas de tristeza". De este poema se desprende una clara denuncia a la marginación urbana, sin ahorrar una visión triste y severa de sus propios habitantes.La inclusión de esta autora en el programa del club se debió a su próxima visita a nuestro Instituto el jueves 4 de junio.
Pasando a los cuentos de Jorge Cuba Luque, la mayoría (pero no todos) apreciaron la lectura de los cuentos. Fueron diversas y encontradas las percepciones: paralelismo temático de los tres relatos, sensación de desvanescencia de los personajes, finales que provocan desazón en el lector...
Los lectores preguntaron al autor, sobre la época en la que escribió los cuentos, sobre las motivaciones que le movieron a escribirlos, sobre el contexto político y social en el que se desarrollan, sobre su formación literaria, los autores que le influyero y sobre sus otras creaciones y proyectos literarios. Necesitaríamos crear un blog aparte para exponer y transmitir la riqueza de lo hablado.
El autor nos reconoció que su intención era, en un época en la que temáticamente se interesaba por el "tema de la búsqueda del amor", la de denunciar o reflejar el difícil contexto social del Peru de finales de los ochenta. Pero siempre como telón de fondo, de manera taimada, sin que el contexto se antepusiera a la acción de los personajes y a sus rasgos personales y psicológicos. Se trataba, en palabras de Jorge Cuba Luque, de hacer "literatura como denuncia, pero sin renunciar al objetivo estético". Así, "Personas desaparecidas" sería una alegoría de las desapariciones políticas, aunque para muchos de nuestros lectores permitiría una lectura más filosófica (el de la futilidad de nuestro paso por la vida, o el de la ausencia de rastro una vez desaparecidos) que política.
Muchos son los temas tratados en los tres cuentos breves: la relación de pareja y su ruptura, la falta de compromiso, la indiferencia, el desapego, la huida, la violencia, la obsesión, el refugio en un mundo ficiticio, la soledad, el cinismo. Un mundo de personajes inadaptados, en búsqueda de ideales sentimentales y materiales, bañados por la garúa limeña y amenazados por la fatalidad.
Muchas gracias a Jorge Cuba Luque por compartir su tiempo con nosotros.
jueves, 7 de mayo de 2009
Próxima cita el miércoles 27 de mayo con el escritor Jorge Cuba Luque
El próximo 27 de mayo comentaremos tres relatos cortos del escritor peruano Jorge Cuba Luque, residente desde hace años en Montauban y que estará presente en nuestra cita para responder a las preguntas que queramos plantearle así para que nos explique otros detalles de su obra.
Los cuentos que leeremos son "Personas desaparecidas" (Colmena 624. Relatos, Ed. Línea y Punto, Lima, 1995), "Abril" y "Tan real" ( Ladrón de libros, Arteidea Editores, Lima, 2002).
El autor nos ha permitido publicar el primero de los cuentos:
PERSONAS DESAPARECIDAS
Jorge Cuba Luque
Jorge Cuba Luque
Una cosa es verlo en una película o leerlo en los diarios o en un libro, pero otra y muy distinta es cuando uno se levanta una mañana para ir a trabajar y no sólo no encuentra a su mujer en la cama sino que tampoco encuentra sus vestidos ni sus cosméticos ni nada de ella, como si nunca hubiese vivido en la casa y lo único que a uno se le ocurre hacer es dar una sonrisita nerviosa, diciéndose a sí mismo que se trata de una broma pesada y que en cualquier momento todo volverá a la normalidad. Fue exáctamente lo que me ocurrió a mí hace ya un buen tiempo cuando, luego de una noche de un sueño muy pesado, desperté al día siguiente y mi mujer no estaba. Primero creí que había tenido que salir de la casa por alguna urgencia extrema, mas inmediatamente pensé ofuscado que tenía un amante y había decidido irse con él dándome antes un somnífero pero, ¿y sus cosas?, cómo habría tenido tiempo para llevarse todas, lo que se dice todas sus cosas, desde los libros y discos que ella misma había comprado, hasta sus vestidos, sus zapatos, su cepillo de dientes y, por supuesto, su ropa interior, incluidos unos calzoncitos sexys que le había regalado en su último cumpleaños. A pesar del desconcierto, la confusión y el enfado que sentía, tuve que apresurame y salir a la oficina porque tenía una cantidad bárbara de trabajo acumulado que de ninguna manera podía aplazar. En el trayecto, en un taxi decrépito pero veloz, intentaba vanamente una explicación. Yo sabía muy bien que había habido muchos casos de gente que ha desaparecido sin dejar el menor rastro y jamás se ha vuelto a saber nada de ella; en algunos países vecinos esto ha ocurrido de manera sistemática e incluso, sin ir muy lejos, aquí en Lima, hubo trabajadores y estudiantes que se esfumaron misteriosamente y de quienes nunca se ha vuelto a tener la menor noticia. Pero estas desapariciones -en las cuales nunca me interesé- estaban de alguna manera relacionadas unas con otras, y además las personas desaparecidas habían sufrido previamente amenazas y persecusiones, pero no era éste el caso de mi mujer (su nombre me lo callo, para evitar posibles complicaciones a quienes la hayan conocido); ella era una mujer que no se complicaba la vida con problemas que no le concernían personalmente, igual que yo, y es por esto que su desaparición me intrigaba, aunque no descartaba del todo que, como ya lo he dicho, me hubiese abandonado.
Decidí mantener lo ocurrido en secreto, así que en la oficina me comportaba de la manera más natural posible, sin mostrar el menor signo de inquietud; nadie me preguntaba por mi mujer, es más, cuando charlaba con mis compañeros y hacíamos referencia a fiestas o reuniones del pasado, yo aparecía siempre solo, no obstante que recordaba perfectamente haber ido con mi mujer. Sin embargo, opté por tomar esta desaparición de la manera más favorable para mí, sin que esto significara, por cierto, que olvidaba que una persona haba desaparecido. De esta forma, después de mucho tiempo pude empezar a ahorrar cada mes algo de mi sueldo (mi mujer no trabajaba, era yo quien solventaba los gastos de la casa) y, también, a disfrutar de una inesperada soltería: a menudo bebía más de la cuenta y regresaba a casa embriagado, tuve algunas aventuras amorosas, me echaba a vagar sin ton ni son por la Colmena, sorteando una multitud de vendedores ambulantes y, a veces, en la Plaza San Martín o en la Dos de Mayo, me detenía absorto a contempler una manifestación de obreros quienes terminaban, por lo general, siendo perseguidos y apaleados por la policía y, al final todos los que estábamos por ahí en ese momento nos íbamos corriendo empapados por los chorros de agua de los carros antidisturbios.
Las semanas fueron pasando y yo no hacía nada por tratar de volver a ver a mi mujer. Verdad que ya no nos amábamos como antes, pero en cierta forma creo que con mi silencio y pasividad estaba aceptando el hecho de su desaparición, ya no sólo física, sino también la de su recuerdo, y quién sabe si era yo mismo, actuando así, el que la estaba haciendo desaparecer cada día más irremediablemente, como seguramente ocurría con otros que habían desaparecido antes, pero de los que nadie se atrevía a hablar.
Por motivos de trabajo últimamente había estado pasando muchas horas a solas con la gerente de ventas de la empresa y, aun cuando soy un simple empleado administrativo, noté que le agradaba y le resultaba interesante y que ella, a pesar de ser unos quince años mayor que yo, también me agradaba e interesaba. No voy a hablar aquí de nuestra relación (baste decir que fue apasionada), pero sí diré que fue la única persona en la que pude confiar luego de la desaparición de mi mujer, sobre todo a partir de una tarde húmeda y gris cuando, mientras recorríamos a pie la interminable avenida Arequipa, me contó que el abogado de la empresa había desaparecido hacía poco tiempo pero, aparentemente, nadie lo había notado o nadie quería hablar del tema. Le conté entonces lo de la desaparición de mi mujer y de pronto empezamos a recordar a personas a las que ya no veíamos más, como el camarero del Cordano, ese bar viejo y silencioso casi oculto a espaldas del Palacio de Gobierno, o el vendedor de diarios de la esquina de la oficina, o aquel periodista tan simpático que trabajaba en la televisión, y otros más, todos como si se hubiesen perdido para siempre en la bruma del inviemo limeño. Quizás fue cobardía, pero ni ella ni yo queríamos arriesgarnos a desaparecer de un momento al otro, así que cuando me propuso irnos del país acepté de inmediato. Ella compró los pasajes de avión y además llevaba un dinero con el que viviríamos unos meses, mientras encontrábamos trabajo. A modo de despedida decidimos tomamos una copa en el Cordano; como yo salí primero de la oficina, me adelanté y fui al bar a esperarla. Cuando pasó una hora y no llegó me inquieté por su tardanza, y cuando pasaron dos, salí corriendo a buscarla, presintiendo lo peor. En la empresa, todos, incluida su secretaria, me dijeron que no la conocían ni sabían quién era ella; fui luego a su casa y encontré que ahora vivían dos ancianos con los que era imposible hablar. Desde ese día no se ha comunicado conmigo, y de mi parte no tengo cómo ubicarla. Yo me quedé con mi boleto de avión pero la verdad no sé que es lo que debo hacer ni a quién acudir; no sé si embarcarme en el próximo vuelo o quedarme aquí y esperar a desaparecer en cualquier momento, mientras los demás siguen como si nada.
De Colmena 624. Relatos. Ed. Línea y Punto, Lima, 1995.
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sábado, 2 de mayo de 2009
Balance de la sesión sobre Luis Sepúlveda

Con el relato de Sepúlveda todos los lectores fueron unánimes en reconocer que habían disfrutado con su lectura y que ésta les había parecido especialmente asequible. Otra característica coincidente por parte de todos fue la ternura y el sentido del humor que se contaponen al triste contexto en el que, en ocasiones, se desarrolla la acción.
Se trata de una cuento que mezcla lo autobiográfico con lo ficticio, el recordatorio generacional con el cuento de hadas, en el que durante cuatro momentos de su vida, el protagonista se encuentra fugazmente con una enigmática mujer.
La historia empieza cuando el protagonista, con 14 años, asiste a la ceremonia final del curso de buenas costumbres del Centro Catalán de Santiago de Chile. Allí se produce el primer encuentro y el primer coqueteo entre el protagonista y la osada Marly, que consigue hacer resonar la música de la Canción de Leonardo Favio que da título al cuento. Los jóvenes se dan cita para el día siguiente "a las cinco de la tarde, hora fatídica, como se sabe", pero la chica no acude a la cita y se inicia así el misterio que la envolverá durante toda la historia.
El protagonista no olvida a la "pijecita del Santiago College" y la vuelve a encontrar con 18 años en plena movilización estudiantil del 68, bajo los acordes de la misma canción de Favio. El encuentro vuelve a ser fugaz, entre la movilización, la barricada y las reuniones de dirigientes estudiantiles. Marly desaparece y no le deja al joven revolucionario más que su evocador olor en el saco de dormir que compartieron en la facultad ocupada.
Con veinticinco años, el encuentro se repite. Esta vez la ilusión ha dejado paso al terror y la muerte, al "adiós definitivo y forzado de tantos compañeros de barricadas y sueños". Marly visita al chico en el locutorio de una cárcel del sur de Chile y apenas tiene tiempo de transmitir al chico el romántico mensaje de que lo estará esperando, no sabe dónde, pero lo estará esperando.
Pasan quince años desde entonces. Tras amores y exilios, el protagonista vuelve al punto de partido: al antiguo salón de banquetes del Centro Catalán, hoy convertido en un Top-less. En ese mismo lugar, la mano de Marly vuelve a posarse sobre el hombro del protagonista y resuena el susurro de la canción de Favio. Los amantes por fin se pueden abandonar a ellos mismos, tras años de reposo y tiempo, en el que las palabras, como el vino, pueden entregar su sabor definitivo.
El cuento, por su simpleza, no llegaría a conmovernos si no fuera por la ternura que tienen los relatos bien contados que denotan la experiencia de lo vivido. Un lector lo definió como un cuento de hadas sin mayores pretensiones, con una fuerte carga simbólica: una metáfora de la vida,marcada por la búsqueda del amor auténtico, de lo que vale realmente la pena.
Otros lectores recordaron la ambigüedad del fantasioso u onírico personaje femenino que por un momento se transfigura en muerte, esa muerte que aparece a la cinco de la tarde, "hora fatídica".
No hubo tiempo de mucho más. Nos despedimos y nos dimos cita para el miércoles 27 de mayo.
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miércoles, 1 de abril de 2009
¡Ding-dong, ding-dong!, son las cosas del amor, de Luis Sepúlveda.
La próxima cita del club de lectura será el miércoles 29 de abril. Comentaremos el cuento "¡Ding-dong, ding-dong!, son las cosas del amor", del libro de cuentos de Luis Sepúlveda La lámpara de Aladino (Barcelona: Tusquets, 2008).
A continuación incluimos el enlace a la canción de Leonardo Fabio que da nombre al cuento:
A continuación incluimos el enlace a la canción de Leonardo Fabio que da nombre al cuento:
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jueves, 26 de marzo de 2009
Resumen de lo comentado en la sesión sobre Zoe Valdés
En la primera ronda de impresiones que siempre hacemos, las opiniones fueron contrapuestas: la mayoría de los
presentes estuvo de acuerdo en apreciar la sencillez del texto pero definieron como sorprendente el final del relato, a saber, la huida de Lola y su viaje a China. En esta primera ronda, se notaba quién conocía ya a Zoé Valdés y quién no, y a quiénes les gustaba su literatura y quiénes no se sentían particularmente atraídos por ella. Por otra parte, algunos de los presentes habían estado en el encuentro que el Cervantes de Toulouse había organizado recientemente y algunas referencias a las declaraciones de Zoé Valdés en ese acto serían muy útiles para el desarrollo de la sesión del club.
Una lectora comentó que, si bien la autora había negado, en el encuentro al que asistió, la existencia de una literatura "femenina", era indiscutible que el relato "la bella Lola" rebosa sensibilidad femenina. Por otra parte, estuvimos la mayoría de acuerdo que, si por algo se distingue su manera de escribir es por la atmósfera que logra crear en la narración: se trata de un universo "sensitivo" en el que la música (la habanera "Tu" cuya letra se intercala en el texto), los olores (los perfumes), el tacto (el viento, la arena), los sabores se entremezclan y envuelven al lector.
Esta especial sensibilidad creativa choca con algunos aspectos que algunos de los lectores juzgaron como poco elaborados, como en el pasaje en que se afirma que la protagonista, que cuenta sólo con 20 años, "desde hacía diez años solamente sabía vivir el momento sin más," llevaba 10 años fuera de Cuba y, sin embargo, sólo tuviera 20 años. Otra lectora justificó esa manera de escribir, por su espontaneidad y visceralidad.
Con todo, fueron muchos los temas que salieron a la luz. Las lecturas de Lola (La mujer justa, de Sandor Marai y Diarios de José Martí) contrastan con la homogeneidad lectora (El código Da Vinci o Harry Potter) de la gente que la rodea en la playa y nos permitió hablar de los dos autores citados. El descubrimiento del adulterio de su marido y la resignada aceptación de Lola o, al menos, su falta de rebeldía, dio pie a una animada discusión sobre el caracter sumiso del personaje con una cierta indignación por parte de algunas lectoras. El constante sentimiento de nostalgia nos hizo retomar el tema del exilio y la amarga experiencia de la autora, tal como lo expresó publicamente en el encuentro que tuvimos con ella el día 5 de marzo. En ese punto, leímos un significativo pasaje de la introducción de Guillermo Cabrera Infante a los Diarios de José Martí:
"Martí se hace escritor fuera de su tierra, pero produce su obra maestra absoluta al regresar y recobrar su isla. Quiero anotarlo antes de olvidarlo. Martí, antes y ahora, es la personificación del escritor en el exilio, hecho grande en el exilio- y sin embargo, su mejor libro, como se ve, su más perfecta prosa, su expresión más propia está escrita en Cuba. ¿Es que el exilio no es una situación geográfica o histórica, sino una tierra que el escritor lleva siempre consigo? Para Martí, Cuba debió ser una isla flotante, porque el Diario comienza en Montecristi, en Santo Domingo, y es en tierra dominicana que Martí produce una de las frases más bellas de la literatura española de los dos últimos siglos. Se trata de una muestra del arte del escritor formado en tierra extraña y que va de vuelta a su país con el afán exotista de los románticos hecho realidad inmediata. La súbita presencia antillana, tan próxima a Cuba, y un nombre de mujer casi mítico, memorable, lo hacen anotar veloz y voluptuoso: “Abril 9 – Lola, jolongo, llorando en el balcón. Nos embarcamos”.
Sin duda este pasaje introductorio de Cabrera Infante inspiró la escritura del cuento que comentamos. Hablamos, pues, del exilio como estado doloroso pero, a la vez, como fuente de inspiración, como acicate creativo.
Hablamos, cómo no, de José Martí, figura muy poco conocida como político y, sobre todo, como hombre de letras y hablamos también de las habaneras, cuya música resuena todo el relato de La bella Lola. Volvimos a disfrutar de una entretenida sesión de intercambio de impresiones.
Como punto final, y para aquellos que quieran profundizar en lafigura de Guillermo Cabrera Infante, a continuación incluimos una entrevista hecha dentro de la serie de entrevistas "A fondo" de Televisión Española:
Una lectora comentó que, si bien la autora había negado, en el encuentro al que asistió, la existencia de una literatura "femenina", era indiscutible que el relato "la bella Lola" rebosa sensibilidad femenina. Por otra parte, estuvimos la mayoría de acuerdo que, si por algo se distingue su manera de escribir es por la atmósfera que logra crear en la narración: se trata de un universo "sensitivo" en el que la música (la habanera "Tu" cuya letra se intercala en el texto), los olores (los perfumes), el tacto (el viento, la arena), los sabores se entremezclan y envuelven al lector.
Esta especial sensibilidad creativa choca con algunos aspectos que algunos de los lectores juzgaron como poco elaborados, como en el pasaje en que se afirma que la protagonista, que cuenta sólo con 20 años, "desde hacía diez años solamente sabía vivir el momento sin más," llevaba 10 años fuera de Cuba y, sin embargo, sólo tuviera 20 años. Otra lectora justificó esa manera de escribir, por su espontaneidad y visceralidad.
Con todo, fueron muchos los temas que salieron a la luz. Las lecturas de Lola (La mujer justa, de Sandor Marai y Diarios de José Martí) contrastan con la homogeneidad lectora (El código Da Vinci o Harry Potter) de la gente que la rodea en la playa y nos permitió hablar de los dos autores citados. El descubrimiento del adulterio de su marido y la resignada aceptación de Lola o, al menos, su falta de rebeldía, dio pie a una animada discusión sobre el caracter sumiso del personaje con una cierta indignación por parte de algunas lectoras. El constante sentimiento de nostalgia nos hizo retomar el tema del exilio y la amarga experiencia de la autora, tal como lo expresó publicamente en el encuentro que tuvimos con ella el día 5 de marzo. En ese punto, leímos un significativo pasaje de la introducción de Guillermo Cabrera Infante a los Diarios de José Martí:
"Martí se hace escritor fuera de su tierra, pero produce su obra maestra absoluta al regresar y recobrar su isla. Quiero anotarlo antes de olvidarlo. Martí, antes y ahora, es la personificación del escritor en el exilio, hecho grande en el exilio- y sin embargo, su mejor libro, como se ve, su más perfecta prosa, su expresión más propia está escrita en Cuba. ¿Es que el exilio no es una situación geográfica o histórica, sino una tierra que el escritor lleva siempre consigo? Para Martí, Cuba debió ser una isla flotante, porque el Diario comienza en Montecristi, en Santo Domingo, y es en tierra dominicana que Martí produce una de las frases más bellas de la literatura española de los dos últimos siglos. Se trata de una muestra del arte del escritor formado en tierra extraña y que va de vuelta a su país con el afán exotista de los románticos hecho realidad inmediata. La súbita presencia antillana, tan próxima a Cuba, y un nombre de mujer casi mítico, memorable, lo hacen anotar veloz y voluptuoso: “Abril 9 – Lola, jolongo, llorando en el balcón. Nos embarcamos”.
Sin duda este pasaje introductorio de Cabrera Infante inspiró la escritura del cuento que comentamos. Hablamos, pues, del exilio como estado doloroso pero, a la vez, como fuente de inspiración, como acicate creativo.
Hablamos, cómo no, de José Martí, figura muy poco conocida como político y, sobre todo, como hombre de letras y hablamos también de las habaneras, cuya música resuena todo el relato de La bella Lola. Volvimos a disfrutar de una entretenida sesión de intercambio de impresiones.
Como punto final, y para aquellos que quieran profundizar en lafigura de Guillermo Cabrera Infante, a continuación incluimos una entrevista hecha dentro de la serie de entrevistas "A fondo" de Televisión Española:
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lunes, 23 de marzo de 2009
Recursos para la comprensión y el comentario de La bella Lola

Aquí tenéis algunos recursos para saber:
- ¿Dónde se encuentra Torrevieja?
- ¿Quién es Sándor Marai y de qué trata su novela La mujer justa? (biografía y reseña en en francés) ¿Cómo es la portada del libro que Lola tiene en sus manos?
- ¿Quién fue José Martí?
- ¿Existe el certamen de habaneras al que hace referencia el cuento de Zoe Valdés? ¿De dónde viene la tradición del cante de habaneras?
Es interesante la lectura del prólogo Un diario que dura más de cien años que el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante hizo para la edición española de los Diarios de José Martí (Barcelona: Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 1997).
Y, por último, el significado de algunos americanismos:
chacharear.
(De cháchara).
1. intr. coloq. parlar (hablar mucho).
2. intr. Méx. Negociar con cosas de poco valor.
jolongo.
1. m. coloq. Cuba. Saco de tela, yute o lona con una cuerda en la boca que permite cerrarlo.
veta.
(Del lat. vitta).
1. f. vena (faja o lista de una materia que por su calidad, color, etc., se distingue de la masa en que se halla interpuesta). Veta de tocino magro, de tierra caliza.
2. f. Filón metálico.
3. f. vena (lista de ciertas piedras y maderas).
4. f. Cuerda o hilo.
5. f. coloq. Aptitud de alguien para una ciencia o arte.
6. f. Ec. Correa enteriza sacada de toda la piel de una res vacuna. Retorcida y curada sirve para enlazar las reses y sujetarlas.
matul.
1. m. Bulto, lío, especialmente cierta cantidad de manojos de tabaco en rama, dispuestos en un atado.
gaveta.
(Del it. gavetta).
1. f. Cajón corredizo que hay en los escritorios y sirve para guardar lo que se quiere tener a mano.
2. f. Mueble que tiene uno o varios de estos cajones.
3. f. Mar. Tina pequeña, ovalada, usualmente de madera, provista de asa, donde se sirve la comida a los ranchos de a bordo.
4. f. Mar. Balde pequeño, en general de madera, de forma troncocónica, con asa, para servir el vino a la marinería y tropa.
5. f. Cuba. guantera (caja del salpicadero de los automóviles).
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Un club para lectores en español
El Club de lectura es un espacio de encuentro de lectores, abierto a todos. Es una puesta en común de impresiones, opiniones, conocimientos y experiencias. Nos reuniremos una vez al mes y comentaremos un cuento, un relato o un artículo que habremos distribuido previamente.