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jueves, 4 de junio de 2015

Cavar un foso, de Adolfo Bioy Casares



Cavar un foso es un cuento circular que reúne un buen número de ingredientes para hacerlo  La trama se desarrolla de modo lineal con un buen número de diálogos, ritmo sostenido y formato de narrativa de suspense.
interesante: romanticismo, intriga, crimen y humor negro.
Es la historia de un joven matrimonio que decide montar una hostería en un paraje apartado, junto a un acantilado. Acuciados por las deudas, asesinan a un huésped para robarle y revertir su situación económica.
La inductora será Julia, fría, calculadora y racional, en contraste con su marido, Arévalo, mucho más dubitativo y visceral. Julia será Lady Macbeth y Arévalo su consorte.
El cuento no está exento de cierta fantasía o fantasmagorización de ciertos personajes:  la víctima aparece en el relato como un ángel salvador, el hombrecito del coche es un aparecido inesperado, el policía gordo también.  
Temáticamente nos encontramos las eternas cuestiones de la felicidad, la culpabilidad, el remordimiento, la fatalidad y el castigo. Todo ello sazonado con aspectos sorprendentes, que casi señalaríamos como cómicos, como cuando en los momentos de mayor gravedad los personajes adoptan actitudes frívolas o románticas, o cuando se establece una ambiente de normalidad en la ejecución del crimen. Los detalles del final se dejan a la imaginación del lector, aunque es muy probable que la conclusión de la historia no sea clemente con los protagonistas.
En definitiva, se trata de un cuento de amor fatal con formato policíaco o un relato negro con altas dosis de romanticismo, que bien podría haber sido llevado a la pantalla por el propio Hitchcock. Fue una delicia leerlo.

Nos despedimos aquí hasta la vuelta de las vacaciones. Buen verano a todos. El club volverá en octubre con nuevos cuentos y relatos.

martes, 19 de mayo de 2015

Amor, crimen y culpa en Cavar un foso, de Bioy Casares

Cerramos la temporada de encuentros de nuestro Club de lectura con Cavar un foso, una historia de amor y crímenes que fue publicado en El lado de la sombra (Buenos Aires: Emecé, 1962), pero que nosotros hemos recogido de la antología Historias de amor (Madrid: Alianza, 1975). Comentaremos este cuento, cuya lectura no deja indiferente, el próximo 3 de junio.

Nos sumamos así al homenaje que se le hizo a este gran escritor argentino durante el año pasado con motivo del centenario de su nacimiento.

jueves, 20 de febrero de 2014

Relato policiaco: Juan Benet y Fernando Martínez Laínez



Dos han sido los cuentos que hemos comentados en la pasada sesión del 19 de febrero: Obiter dictum, de Juan Benet, y Un día de suerte, de Fernando Martínez Laínez.

El título del primero, Obiter dictum, proviene de la expresión latina que significa literalmente “dicho sea de paso” y, en lenguaje jurídico, hace referencia a los argumentos expuestos en una sentencia, que no tienen carácter vinculante, pero la complementan. 

El prolijo relato de Benet (dieciséis páginas) reproduce, en estilo directo, el interrogatorio al que es sometido Gavilán, un antiguo miembro de la legión extranjera francesa, de nacionalidad española, por parte de un inspector de policía de Alicante. Al interrogado se le sospecha alguna responsabilidad en la muerte de un antiguo camarada de armas que, supuestamente y por lo que las circunstancias del óbito indican, se ha suicidado. El inspector somete al sospechoso a toda una retahila de preguntas más o menos comprometedoras, que intentan acabar con la sangre fría y el aplomo del interrogado. Se pasa, desde el principio, a tratar de explicar las razones del viaje del sospechoso, los vínculos de antigua camaradería militar que lo unían al fallecido, los tipos de armas existentes (la del finado, instumento del suicidio, y la del sospechoso, con muestras de haber sido utilizada recientement) los movimientos de este, su fortuito  encuentro con el fallecido y el descubrimiento del cadáver por el propio Gavilán.

El relato está compuesto por la batalla dialéctica entre el comisario, que conoce parcialmente los hechos y presupone la verdad a partir de las pruebas de que dispone, y el sospechoso, que conoce perfectamente el desarrollo de lo sucedido, pero se aferra a la versión que certifica el suicidio. Así, el lector va conociendo la naturaleza y las circunstancias previas y sincrónicas de los hechos. Se va presentando versiones, cuestiones dudosas, respuestas más o menos convincentes y pruebas de convicción conocidas solo por el comisario. Obiter dictum es, pues, un típico relato policiaco de lógica e inducción: el comisario, pero, sobre todo, el lector puede resolver el enigma a partir de los argumentos, contraargumentos y pruebas. El móvil no se desvela, pero la maquinaria del crimen se va reproduciendo, dando dos series temporales: el del crimen (cuyo único testigo es Gavilán) y el de su indagación (protagonizado por el interés del comisario en buscar que todas las piezas del puzle encajen).

Este es, además, un relato que va invirtiendo el papel de varios de sus personajes: el foco que ilumina al sospechoso se desplaza, al final, al comisario, que va resolviendo el caso, y el papel del suicida y el asesino se intercambian en la presunta resolución del caso, acorde a la hipótesis solvente del comisario.

Quedó a los integrantes de nuestro Club de lectura la facultad, como si de un jurado se tratase, de decidir si el Comisario y, por tanto, Benet, nos suministraba suficientes pruebas para confirmar o denegar una posible inculpación y condena.

El segundo relato, Un día de suerte, es una estampa costumbrista del Madrid de la crisis, que narra un día de la desperanzadora vida de Venancio Rebolledo, que con sus cincuenta y seis años no vislumbra romper el cerco de una existencia ociosa, triste y precaria, con una familia en la que los lazos afectivos se reducen a la mínima expresión. Ese día de suerte es contado con humor por el autor, con un humor que se torna negro tras el encuentro, decisivo y trágico, del protagonista con un sirlero mal encarado. Su lectura y comentario nos alegró la jornada con sus giros castizos, su jerga lumpen y, sobre todo, la gracia con la que es contada la vida y los pensamientos de Venancio.

El cuento de Martínez Laínez lo hemos sacado de la antología Madrid te mata, publicado con motivo del festival Getafe Negro en el año 2008.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Resumen de la sesión sobre Cuando fui mortal de Javier Marías

Volvimos a ser una docena de incondicionales cluberos y empezamos con la habitual ronda en la que cada lector da una rápida visión del texto leído y dice si le ha gustado o no. Pues bien, el relato gustó a la casi totalidad de los lectores y muchos de ellos reconocieron que habían tenido menos problemas de comprensión en lo que se refiere al vocabulario y al desarrollo de la historia que en el texto de Vázquez Montalbán. Con todo, algunos expresaron su extrañeza y confusión en algunos párrafos con falta de puntuación o con construcciones sintácticas "personales" del autor.
Empezamos comentando la figura del narrador en primera persona, el FANTASMA, o más bien, la conciencia del narrador, que pervive en un estado en el que el tiempo no pasa, se perpetúa. Un estado en el que lo vivido se representa con todos sus detalles, con nitidez, minuto a minuto con pasmosa fidelidad. Un estado en el que no sólo se recuerda todo, sino que, además, se recuerda de manera COMPLETA: se ve todo lo que tuvo influencia sobre la vida mortal. En este punto comentamos la "crueldad" de esa visión minuciosa y total: una visión de la vida en la que nada se encubre, nada se oculta, todo se sabe y todo se cuenta, deja de ser piadosa para convertirse en tremendamente cruel.
De ahí, nuestros comentarios siguieron la trama de la historia y los recuerdos del fantasma, y nos llevaron a los recuerdos de infancia del fantasma: Las noches en las que el niño se dormía tranquilo tras la fugaz visita del doctor Arranz, jovial y divertido; tras la breve exploración clínica que su mano "aseguradora y firme" realizaba. Ahora, el fantasma, lo ve todo y comprende la realidad de las visitas de Arranz: el chantaje que el doctor hacía a sus padres, cuyo pago consistía en satisfacer sus deseos lúbricos con su madre en el dormitorio, mientras su padre se quedaba en el salón escuchando la radio. Así durante un tiempo no determinado, hasta que el doctor Arranz se cansa de su madre, ésta empieza a marchitarse y el taciturno republicano que era su padre empieza a prosperar y a perder un poco de su melancolía.
Aquí muchos comentamos la referencia a la guerra civil, a los odios y las represalias que generó, al pasado familiar del propio autor, bien conocido. Comentamos el hecho de que la vida , por su caracter "piadoso" nos hace muchas veces ver un lado falso pero tolerable: la imagen que el niño tenía del doctor Arranz es una buena prueba de ello.
Tras el recuerdo de infancia, la conciencia del fantasma rememora las circunstancias de su muerte: su plácido matrimonio con Luísa y los encuentros con María, su amante. Una relación marital y adúltera llevada con cuidado, sin delatarse, sin cometer errores "porque los errores en estas cuestiones son formas de desconsideración, o aún peor, son maldades".
La visión completa del narrador le permite presenciar la autoría premeditada de su asesinato por parte de Luísa, de cuyo móvil nada se cuenta. Es ahora, cuando todos los personajes del relato hayan ya pasado a la condición de fantasmas, cuando Luísa conocerá la infidelidad de su marido, al igual que éste ha descubierto la responsabilidad de ella en su muerte.
Todo esta macabra historia no hizo comentar la cínica moralidad que se desprende de las palabras del protagonistas: todo es lícito mientras nuestas acciones sean piadosas, mientras no hieran. La mejor de las vidas sería, pues, aquella que se desarrolla en la más piadosa de las imposturas.

Comentado el texto, pasamos a analizar el artículo "Cómo se llamará esta afección", aparecido el 19 de octubre de 2008 en El País Semanal. La mayoría reconoció que esa afección, "la incapacidad de enorgullecerse por los éxitos del propio grupo junto a la capacidad de avergonzarse por lo ajeno vecino", es, sin duda, una reacción poco común. Es una reacción a contra corriente en una sociedad en la que medios de comunicación y los líderes políticos y sociales fomentan el amor a lo propio y convierte los éxitos personales de alguno de sus individuos en grandes triunfos colectivos. Si bien se comentó la lucidez y agudeza de la crítica social del artículo, resaltamos el hecho de que, al igual que el autor no se siente concernido por los éxitos de sus compatriotas, tampoco debería avergonzarle sus ignominias. No obstante, parece que el autor no puede evitar dejarse llevar, sin duda por su carácter, por el "patriotismo por la vía negativa".

Acabada la sesión, nos dimos cita para el miércoles 21 de enero, fecha que tendrá a Mariano José de Larra como protagonista literario.

Un club para lectores en español

El Club de lectura es un espacio de encuentro de lectores, abierto a todos. Es una puesta en común de impresiones, opiniones, conocimientos y experiencias. Nos reuniremos una vez al mes y comentaremos un cuento, un relato o un artículo que habremos distribuido previamente.


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