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viernes, 11 de marzo de 2016

"Medusas" de Ismael Martínez Biurrun

En la pasada sesión de nuestro club de lectura comentamos el relato Medusas de Ismael Martínez Biurrun, un ejemplo de narrativa de suspense.

Más allá de los giros escabrosos que toma la trama, destinados a crear intencionadamente (y con éxito) un creciente malestar en el lector, y de la antipatía que producen los personajes masculinos; todos los lectores coincidieron en la lograda técnica narrativa del relato que consigue mantener en vilo al lector y precipitarlo, casi sin aliento, hasta su final.

Coincidimos en que se trata de un relato deudor del estilo cinematográfico, con referencias explícitas a Hitchcock (Los pájaros, Psicosis…). El relato es narrado en primera persona por un joven veraneante que está pasando unas vacaciones con su mujer y sus tres hijos pequeños en una urbanización con playa privada. Es en esa playa en la que la familia se encuentra con Paulo, un viejo residente que irrumpe en la rutina veraniega de la familia y precipita el conflicto y el misterio de la historia.

Algunos lectores resaltaron el contrapunto misterioso y libidinoso que supone el personaje del “intruso” Paulo dentro de la supuestamente frágil estabilidad afectiva del joven matrimonio. A alguna lectora le pareció comparable a la figura diabólica de la serpiente que provoca la curiosidad de la joven esposa (cuyo nombre, por cierto, es Eva) y la incita a faltar a su responsabilidad como madre, iniciativa que provocará la escena de peligro final. Otro contraste interesante es el del carácter hipócrita, falso, voluble e irresponsable de los adultos, con el del mundo infantil, sincero y responsable, simbolizado por el hermano mayor que protege a sus hermanos pequeños.

En cuanto a la estructura, la historia se desarrolla hasta su ecuador a través de una solo hilo narrativo en primera persona para, a partir de ahí, bifurcarse entre la primera persona del protagonista y la tercera persona de un narrador omnisciente que nos relata la acción de Eva. Esta técnica tan cinematográfica de narración en paralelo incorpora, al final, un tercer punto de vista, es del hijo mayor de la pareja, en la escena final.

La segunda parte del relato se convierte en vertiginosa por el uso de frases cortas, imágenes alucinógenas, sensaciones fulminantes y otros mecanismos narrativos que crean esa lograda sensación de angustia compartida entre personajes y lector.

Un relato interesante que propició una animada discusión.




martes, 20 de enero de 2015

"Barbara contra la muerte" y "Un juego africano"

El pasado 14 de enero comentamos dos cuentos recogidos por Ángeles Encinar en la antología Cuento español actual (1992-2012)(Cátedra, 2014): “Bárbara contra la muerte” de Almudena Grandes (publicado con anterioridad en Modelos de mujer, Tusquets, 1996) y “Juego africano” de Marcos Giralt Torrente.

El primero es una historia contada por una niña de trece años en primera persona. Tiene una estructura circular. La protagonista se dispone a ir de pesca con su abuelo y, durante su paseo por el bosque, recuerda lo que le sucedió un día en la escuela: la profesora de dibujo la envía a por tizas y la niña se mete, por equivocación, en unas dependencias del colegio donde se encuentra con una monja decrépita que la confunde con una joven novicia y la “condena” a la reclusión de la vida en clausura. En ese momento se revela el carácter rebelde de Bárbara, quien se aferra, en un discurso interior, a una letanía de maldiciones contra las monjas y a su aspiración infantil a un futuro de mujer fatal, influenciado por el romanticismo cinematográfico de la época. La Madre Pasión, que así se llama la monja que intenta retenerla, le augura a la niña una estancia definitiva en ese “reino mísero” de la clausura, una insospechada cárcel en la que probará los sinsabores del aislamiento, el camisón de arpillera y el jabón Lagarto. Esta escena, que puede parecer truculenta a aquellos que no han leído el cuento, sirve a la autora para mostrar el carácter combativo e inconformista de la niña, que bien podría ser un trasunto de la infancia de la autora. En esa rebeldía aparecen también las primeras pulsiones amatorias de la adolescencia, atizadas por las películas sentimentales de la época, que no puede ser otra que la de la España franquista. El cuento, con todo, acaba y se cierra, de manera optimista, con la vuelta a la excursión al río de Bárbara con su abuelo, en la que complicidad y ternura están presentes.


“Juego Africano”, de Giralt Torrente, narra la extraña historia de un español expatriado en Kenia con quien el narrador del cuento se encuentra fortuitamente durante una viaje a la isla keniata de Lamu. Ese encuentro permite que se establezca, por el periodo de breves días, una especial complicidad entre los dos personajes: por una parte, el marinero gallego jubilado que vive en Lamu desde hace años compartiendo su vida con una lugareña, y el narrador-protagonista, que trabaja en la embajada española en Nairobi. La historia, de la que no vamos a desvelar su desenlace, mantiene una cierta intriga en torno al pasado familiar del marinero, contado todo ello con un lenguje sencillo y ágil.

Ambos cuentos recabaron por igual la atención y el agrado de nuestras lectoras, alguna de las cuales nos hizo ver, con original criterio, que, salvadas las evidentes diferencias de argumento, personajes y estilo, ambos cuentos tratan del tema de la distorsión de la realidad, ya sea por demencia, como el caso de la vieja religiosa que retiene a la niña de trece años, ya sea por autodefensa o justificación, en el caso del marinero jubilado.

Acabada nuestra tertulia, disfrutamos de un agradable momento en el compartimos nuestros buenos deseos para el año nuevo en torno a un roscón de reyes y un vaso de sidra, como es habitual en estas tierras.

FELIZ AÑO 2015

jueves, 19 de junio de 2014

Comentando Obabakoak, de Bernando Atxaga

Concluimos ayer nuestra temporada 2013-2014 de lecturas. Comentamos, como estaba previsto, una selección de relatos de Bernardo Atxaga publicados en su libro Obabakoak.
    A todos los participantes les agradó la original estructura del relato “Saldría a pasear todas las noches”, formado por dos “declaraciones” en primera persona. La primera es redactada por una maestra que relata sus noches de insomnio en espera de un tren que diariamente pasa a las cuatro menos veinticinco de la madrugada, conducido por un maquinista, con el que, se deduce, ha tenido la joven una relación sentimental durante cuarenta y cuatro días. La segunda declaración la hace una niña que cuenta los paseos que realizaba con su abuelo, su perro y su caballo Kent. La niña cuenta con ternura y sencillez los paseos por el campo en los que disfrutaban de la compañía de las plantas y los animales, como si de un recuerdo pastoril se tratara. El bucolismo del retrato se trunca al saber la niña, un día en el que volvía de presenciar la carga de caballos en un covoy ferroviario (salida organizada por la misma maestra de la primera parte del cuento), que el caballo Kent ha sido vendido y va a ser enviado al matadero en ese mismo tren con dirección a la ciudad de Hamburgo. A partir de ahí, las salidas con el abuelo dejarán de producirse por la falta de montura y la niña no volverá a ver la maestra que se marchará del pueblo en el mismo tren que el de los caballos.
    "Saldría a pasear todas las noches" es un relato doble lleno de ternura y melancolía, que rebosa humanidad hacia unos personajes vulnerables: la maestra abandonada, el abuelo anciano, la niña sensible y los animales, desamparados ante el destino arbitrario al que los somenten los humanos. La doble estructura confronta el mundo del adulto, reflexivo y justificatorio, con el de la infancia, espontáneo y sensible.
    El segundo grupo de relatos reúnen los textos 2 y 5 de las “Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana”. En ellos cambiamos de escenario. De un supuesto ambiente rural vasco (aunque, en realidad, se trata de un escenario universal y en ningún momento se hace referencia al País Vasco), pasamos a un pequeño pueblo palentino en el que el autor pasó ocho meses y del que recogió nueve estampas o historias reunidas en esta parte del libro. De esas “nueves palabras” hemos queridos comentar dos. La primera recoge la impresión hostil que le causó el pueblo, a su llegada en invierno, al narrador y constata la presencia de un grupo marginal, diferente al resto de sus habitantes. Ese grupo es el de los pastores, impregnado de un halo de inadaptación y diferencia que reune rasgos como la música, la ignorancia, la auto-marginación, la poliandria de algunas de sus mujeres, el carácter pendenciero y jugador o, en el peor de sus elementos, la tendencia al robo y a la violencia. El tema de los pastores permite evocar el tema de la intolerancia hacia lo diferente en ambientes cerrados, tan presente en todos los grupos sociales.
    La segunda palabra en honor al pueblo de Villamediana narra la conversación entre el narrador y dos jubilados complementarios: Julian, el más avisado y malicioso, y Benito, más simplón. El cuento nos permite tratar el tema de la sabiduría ancestral de nuestros mayores, su capacidad para ver (por el bagaje vivido) más allá de lo que ven nuestros ojos: las personas, las vivencias, los recuerdos, los sentimientos que se esconden más allá del paisaje, por bello y extenso que este sea. Ambas palabras, ambas historias acaban con un elemento de “realismo mágico” que el autor ha querido introducir en su resolución, incluyendo la figura de un “angel”, que puede parecer veraz o humorístico, según el espíritu con el que sea visto por el lector.
    Por último, leímos el texto “Para escribir un cuento en cinco minutos” que no es más que un divertimento literario que contrapone el tiempo narrativo al tiempo real y reflexiona, también con mucho humor, en la inversión de energías y en las circunstancia que deben acompañar al autor en el momento de acometer la redacción de una breve historia.
    Todas estas reflexiones estuvieron acompañadas por las opiniones y comentarios de nuestras lectoras. No queremos acabar este breve relato de nuestra sesión sin mencionar el paralelismo que hizo una de nuestras lectoras, de origen chileno, entre Atxaga y Neruda, por la decisión de ambos de presentar su obra literaria bajo un pseudónimo que, tanto en el caso del vasco como del chileno, silenciará su verdadero nombre.
    Recordamos a todos que tendremos el privilegio de asistir a un encuentro con Bernardo Atxaga el próximo viernes 27 en el Instituto Cervantes de Toulouse, con motivo de una sesión de lectura pública de un texto de su libro “Siete casas en Francia”, dentro del marco del festival literario “Le marathon des mots”.
    Hasta ese día y ¡buen verano a todos!

jueves, 22 de mayo de 2014

Leímos Un manual para ser niño, de Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez (por JuanOsborne)
En la sesión del pasado 21 de mayo comentamos el texto “Un manual para ser niño” del recientemente fallecido y grandísimo escritor colombiano Gabriel García Márquez. El texto es una invitación a la reflexión y a la discusión, a la vez que una prueba de la voluntad polemista del autor, presente en muchos de sus discursos y artículos periodísticos.
    Nos topamos en este texto con un Gabo provocador que exige y propone una captación precoz de las aptitudes y vocaciones tempranas que tienen los niños hacia las artes y las letras: el artista nace, está predispuesto por la naturaleza y necesita por parte de padres y maestros aliento y condiciones favorables. El mismo autor nos confiesa que, si ha llegado a ser alguien como escritor, ha sido gracias a “una aptitud bien definida y una vocación arrasadora” que le hizo superar todas las circunstancias desfavorables y una presión ambiental que deseaba dirigirlo profesionalmente hacia otros campos. Vocación y aptitud, reconoce el autor, no siempre van de la mano, pero cuando ocurre esa simbiosis, la senda está marcada. Para culminarla y llevarla a buen puerto, serán necesarios estudio, técnica, disciplina y poder de superación. Un largo camino.
    El desafiante apartado “no obedecer a los padres” denuncia la falta de sensibilidad de estos para reconocer la vocación artística de los niños, su recurrente costumbres a para ponerles cortapisas cuando esta inclinación se presenta o, por el contrario, para obligarles hacia una práctica por la que nos están motivados. “Los métodos vigentes son rígidos y sin atención a la creatividad”, dice GGM, para dar paso a toda una serie de interrogantes que nos permitieron valorar el papel de la escuela en la formación artística: ¿Hay que forzar la disciplina dentro de la enseñanza artística? ¿Sobra teoría? ¿Hay que profesionalizar el arte? ¿Es la escuela un verdadero escollo para la creatividad? Aquí el autor también aclara la diferencia que, en su opinión, se debe hacer entre la educación artística, que es una función social, y la enseñanza artística, formación específica dirigida a los estudiantes con aptitudes y vocación reveladas.
    En la siguente sección del artículo, titulado ¿Cómo se comen las letras? Gabo nos habla de la enseñanza de la literatura en las escuelas e institutos colombianos, con sus nocivas costumbres de realizar sinopsis de lecturas obligatorias (que no es en absoluto exclusividad del sistema educativo colombiano) que infunden el desánimo, el desinterés y el rechazo a la literatura en la edad adulta. Para el autor, un buen curso de literatura debería limitarse a proporcionar una buena guía de lectura y reflexión para formar buenos lectores. Crear buenos narradores ya es otro cantar: se aprende a escribir leyendo con aptitud y vocación los buenos libros.
    De todo eso y algunas cosas más trata Un manual para ser niño, que fue discutido, rebatido, enmendado, criticado y elogiado por nuestros lectores en un ejercicio de puesta en común de experiencias lectoras, formativas, pesonales y famliares.

  Gracias Gabo, te seguiremos leyendo y releyendo.

viernes, 16 de mayo de 2014

Cita con Gabo: Un manual para ser niño

El próximo miércoles 21 de mayo comentaremos el texto Un manual para ser niño (1995) de Gabriel García Márquez, que nos permitirá recordar al nobel colombiano recientemente fallecido, su obra, su vida y su espíritu humanista del que tan buen testimonio aporta este pequeño ensayo sobre la infancia, la educación, la paternidad, la enseñanza y la mejora de la pedagogía.
El texto nos dará pie para hablar del mundo de la niñez, la familia, las relaciones paterno-filiales, la educación y la transmisión del placer de las artes, de la música y de las letras.
Les auguramos que será una sesión apasionante.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cita con Diego Zúñiga y Federico Guzmán Rubio


Ayer empezamos la temporada de nuestro Club de Lectura de relatos con dos cuentos magníficos publicados en el primer número de la revista literaria digital Traviesa que tenía el término “Trucho” como título. De este número monográfico de relatos leímos “Omega” del chileno Diego Zúñiga y “Las mañanitas” de Federico Guzmán Rubio. 

Federico Guzmán Rubio habla de Las Mañanitas
Omega es un cuento de infancia, bellamente narrado, con humor y ternura. El protagonista, un niño de 10 años que vive con su madre y su hermana en la ciudad de Iquique, descubre en un velador de su casa un reloj Omega que pertenecía al padre ausente. Ese reloj se convierte en amuleto casi mágico que dota al niño de autoestima y preeminencia sobre el resto de sus compañeros de clase. La historia del reloj, su marca y el hecho de que fuera el único cronómetro que hubiera sido diseñado para viajar a la luna, llevará al niño a intentar impresionar a su entorno con desigual éxito. Mientras que los personajes femeninos (la madre, la hermana y la “chica” del cuento, la misteriosa y solitaria Alicia) no caen en el embrujo del reloj, el resto de compañeros de clase sí son seducidos por la disertación que hace el niño en clase. En ella, el protagonista convence a su auditorio, con la espontánea franqueza de la infancia y sus dotes para vivir en un mundo imaginado (trucho pero verosímil), de que el fin del mundo previsto para el 2012 tendrá como consecuencia la migración a la luna y en ella sólo sobrevivirán o, al menos, funcionarán, instrumentos salvadores como ese reloj Omega Speedmaster Professional, seleccionado por la NASA y presente en su muñeca: “…yo miraré el reloj y seré el único que tendrá esa información. Entonces, esto me salvará la vida, dije, y luego bajé mi brazo e hice un gesto de reverencia. Mis compañeros se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir con fuerza. Así en medio de una ovación, volví a mi puesto y entendí que mi vida nunca volvería a ser la misma”. Ese momento de gloria, clímax del cuento, continúa con el relato de la indiferencia y la marcha de la chica, de la pérdida del trabajo de la madre, de la partida hacia Santiago y de la obligada venta del reloj que, sin embargo, retorna al niño por la imposibilidad de ser vendido. El omega era trucho.

El cuento de Diego Zúñiga, con la evocación del mundo de la infancia como fondo, muestra bien lo que el curador de la revista, Federico Falco, explica en el prólogo: lo trucho encierra el deseo de ser algo que nunca será, se apropia de un símbolo, el de la marca original, y permite a su detentador cruzar, por medio del atajo de la suplantación o la mentira, el reconocimiento que, de otra manera, no podría alcanzar. Muy hermoso cuento el de Omega. Todos coincidimos en su bella factura.

Diego Zúñiga habla de Omega
El segundo cuento, Las Mañanitas, narra la historia de una cena “trucha”. La que organiza una familia mexicana emigrada a los Estados Unidos, aconsejada por un asesor de imagen norteamericano, para invitar al jefe de Jesús, plomero con expectativas de promoción. El cuento describe cómo la familia adopta la imagen, los usos y las maneras que la mentalidad norteamericana adscribe a los inmigrantes mexicanos. El estilo es sencillo, veloz, con mucho diálogo y breves retazos de discurso interior del protagonista. Es una historia con final feliz (Jesús demuestra no corresponder al cliché esperpéntico del inmigrante malo, narcotraficante o ladrón, y se ve recompensado con un puesto de supervisor) pero revela los esfuerzos, la inseguridad y los anhelos de integración del emigrante en los Estados Unidos, la renuncia a sus raíces y, como se ve en el relato de Federico Guzmán Rubio, a su propia identidad.

Ayer tuvimos el privilegio de charlar a través de internet, en la segunda parte de la sesión, con Leonardo de la Torre, sociólogo y colaborador de Traviesa, quien compartió con nosotros su lúcido análisis literario de los textos y sus reflexiones sobre el mundo de la emigración y el desarraigo, temas en  los que es un experto y cuyo conocimiento ha desarrollado en diferentes publicaciones en su Bolivia natal. Y durante el último cuarto de hora, pudimos charlar con el propio Federico Guzmán Rubio que nos explicó cómo surgió la idea de Las mañanitas, cómo ideó a los personajes, cómo se planteó el tema de la imagen que tiene la población que acoge de los inmigrantes que se instalan en su país: sus prejuicios, sus tópicos, sus rasgos identitarios…Federico nos habló también de sus dos libros publicados en la editorial Lengua de Trapo: Los andantes y Será mañana, que esperamos leer pronto en la biblioteca del Instituto Cervantes de Toulouse.

Varios lectores coincidieron en que Las mañanitas podría ser un buen guión cinematográfico o que podría dar lugar a una exitosa versión teatral, por qué no.Todos coincidieron en que el drama que subyace en la trama los había conmovido de manera especial.

Eso fue todo. Hora y media no dio para más. Damos las gracias especialmente a Leonardo de la Torre, desde Cochabamba, y  a Federico Guzmán Rubio, desde Madrid, que tuvieron la gentileza de aguardarnos y conversar con nosotros. Y también a Diego Zúñiga por su cuento, a la gente de Traviesa y a nuestros lectores de Toulouse. Hasta la próxima cita.

viernes, 18 de febrero de 2011

El regreso de Carmen Laforet y dos cuentos de infancia


Volvimos a tratar en esta última sesión de nuestro Club del tema de la infancia en dos de los tres cuentos leídos. En "Tinajilla", de Lauro Olmo, un narrador adulto rememora sus años escolares y las figuras de su compañero de clase, Sabañón, y de su hermano pequeño protagonista del cuento, Tinajilla, que debe su nombre al hecho de que su madre lo dejara solo dentro de una tinaja cuando se ausentaba. Encierro este que se mantuvo vigente hasta el día en que se rompió la tinaja como la cáscara de un polluelo. En este cuento se evoca la figura autoritaria y falta de humanidad del maestro, don Ramón, aunque en un tono indulgente y gracioso que el paso de los años le ha hecho adoptar al narrador. Además, destacamos en nuestra tertulia los conceptos de mutua protección y solidaridad entre los dos hermanos, Sabañón y Tinajilla, que pueden suponer un contrapunto de esperanza a la precariedad y la dureza del ambiente social en el que se desarrolla la historia. Aprovechamos para dar a conocer entre nuestros lectores la figura de Lauro Olmo, gran autor teatral con obras relevantes de la escena española del S. XX como La camisa o El cuarto poder, y que sufrió especialmente las restricciones de la censura franquista.

El segundo cuento de carácter infantil es el de Manuel Pilares, escritor y guionista cinematográfico prolífico en las pantallas de los años 50 y 60. En él se describe el trato cruel que tienen los compañeros de un niño gordo propietario de un balón, quien decide “suicidarlo” (al balón) tirándolo (desinflado, para que no sufra ni vuelva a él) por el Viaducto madrileño. El narrador presencia la escena y decide interponerse por temor a que sea el niño el objeto de suicidio. La escena y el cuento acaban con el niño que llora, sumido en un estado de zozobra y angustia, y todo un grupo de transeúntes que intentan consolarlo haciendo una colecta para comprarle un nuevo balón.

El último cuento que comentamos, "El regreso", de Carmen Laforet, narra la historia de la vuelta a casa de un padre de familia que abandona el manicomio donde ha estado ingresado durante los últimos dos años y donde, ya curado desde hace meses, ha recobrado la alegría de vivir libre de la pobreza y el hambre de la etapa anterior a su locura. Es un cuento perfectamente construido con un personaje de gran profundidad psicológica y un desenlace paradójico y desolador, como es la vuelta a casa el día de Navidad y el previsible retorno a la precariedad económica (se supone que la “señoras” de la beneficencia que han ayudado a su familia dejarán de hacerlo con el padre ya curado) y el más que probable desmoronamiento moral del protagonista, angustiado por el retorno a las antiguas y apremiantes responsabilidades como padre. Un cuento muy triste en el que nos reencontramos con el tema de la inadaptación de la persona con el mundo que le ha tocado vivir, un mundo tan duro como el descrito ya por la joven Laforet en su antológica obra Nada: mediocridad, oscuridad, precariedad, hambre..
Fue una ocasión para hablar de esta gran escritora, hacerla conocer a aquellos lectores que no la habían leído y aprovechar para que varias de su obras o su biografía recalaran en las casas de muchos de ellos.

lunes, 24 de enero de 2011

García Pavón, Ayesta y Clarimón: Infancia y vejez en el cuento de posguerra

Nuesta sesión empezó con un breve esbozo biográfico de los autores de los tres cuentos que habíamos leído para la ocasión.

Francisco García Pavón (1919-1989) fue finalista, con su primera novela Cerca de Oviedo, del Premio Nadal en 1945. Cultivo este género, así como el ensayo y la crítica teatral, destacando especialmente por sus relatos. Goza de un lugar preeminenete dentro de la historia de la novela negra española como creador del personaje de Plinio, Jefe de Policia Local de Tomelloso, mezclando lo detectivesco con elementos costumbristas y de crítica social hasta donde esos años de Franquismo le permitían.

El cuento que hemos leído, Servandín, pertenece a la antología Cuentos Republicanos (Taurus, 1961; Menoscuarto, 2009). Se trata de un cuento de infancia, en el que se trata la inconsciente crueldad de un niño que vende a Servandín, otro niño de su clase, el derecho a jugar con su balón a cambio de que le lleve a ver "el bulto" de su padre. El brevísimo cuento acaba en el comercio de ultramarinos del papá de Servandín, tras cuya cortina aparece mostrando su enorme y rosáceo bocio. Un triste intercambio de miradas entre Servandín, su padre y el niño narrador acaba con el inocente, exculpatorio y esperanzador comentario de Servandín de que a su padre lo van a operar. La mayoría de los lectores coincidió, más allá de la desazón que pudiera haberles provocado este cuento, que el autor había consegido plasmar con maestría, brevedad y simplicidad, un recuerdo de infancia narrado sin artificios ni moralejas, con la crudeza instintiva de los niños ajenos a los convencionalismos morales.

Julián Ayesta (1919-1996), diplomático asturiano, fue autor de obras de teatro, libros de cuentos y una breve novela, Helena o el mar del verano (Ínsula, 1952; Acantilado, 2000), de la que está sacado el relato leido: Almuerzo en el jardín. Se trata este, al igual que el anterior, de un cuento de infancia pero que se diferencia de aquel tanto en su estilo como en su contenido: una comida campestre y familiar durante un domingo de verano asturiano. El ambiente, risueño, distendido, feliz, salpicado de colores, sabores y olores que hacen de la escena un cuadro impresionista, nos es descrito por el recuerdo y la mirada de un niño que lo narra con su voz y las expresiones de su edad. La figura del sacerdote como invitado de excepción, la mención a las fiestas religiosas, las interpelaciones a los niños, todo nos da idea, sin acritud alguna, del peso social de la iglesia en esa época. Las bromas, los juegos de evocación histórica de los niños, las risas, consuman el cuadro bucólico que se ve repentinamente contradicho por la rotura de la silla del sacerdote que le provoca una herida de la que mana la sangre a borbotones y provoca la huida de los niños, acuciados por una culpa certera aunque inconsciente que, como en el cuento anterior, marca la diferencia (por su desconocimiento de las reglas de conducta) con el mundo de los adultos. El cuento es otro alarde de concisión narrativa envuelto en un marco intensidad colorista.

Carlos Clarimón (Zaragoza, 1920) escribió numerosas novelas policiacas y rosas bajo seudónimos en sus años jóvenes. Amigo de Rafael Azcona y de Mingote, fue guionista de radio, de estudios de animación y publicista. En 1961 publicó Hombre a solas (1961), dentro de la colección «Narraciones» que dirigió, para la editorial Taurus, Ignacio Aldecoa. En 1965 publica La muerte en los talones (ed. Tesoro) y en 1967 La trampa es incluida en la Antología de las mejores novelas policiacas. XI de ediciones Acervo. Es precisamente el relato Hombre a solas el que leímos y comentamos. Seguimos con el formato brevísimo (solo dos páginas) pero dejamos la infancia por la vejez y la muerte y un narrador omnisciente narra la tristeza y la desolación de un anciano que ve a su hijo dejar el luto por el traje gris del semiluto, cumplidos tres años de la muerte de la madre y esposa. Una descripción abrumadora, angustiosa y sofocantes, salpicada con bellísimas imágnes como la que describe los cristales desnudos, sin los visillos colgados por la madre ausente "con la huella de ese llanto ingente con que el cielo les lamió el polvo de ayer", o la del libro "caído de espalda, abiertos los brazos en cruz". Un relato vejez, amargura y rencor que no gustó a muchos por su tristeza pero que todos nos mostramos de acuerdo en destacar su factura.

Por último, comentamos brevemente los cuatro cuentos de Segi Pàmies que habíamos leído (La máquina de hacer cosquillas, La otra vida, Monovolumen, Escabeche) con ocasión de la charla que iba a tener lugar con la presencia de este gran autor de cuentos en torno al tema de "Brevedad y cuento" en el Instituto Cervantes de Toulouse el lunes 24 de enero a las 18.30.

viernes, 26 de junio de 2009

Punto final: dos cuentos de Quim Monzó


No nos dio tiempo de anunciarlo con antelación a los seguidores de este blog y nos disculpamos por ello. Hemos llegado al final de curso con cierta saturación de tareas y el blog se ha resentido un poco en esta última etapa.
En esta última sesión, del pasado miércoles 24 de junio, comentamos dos cuentos del escritor Quim Monzó, extraídos del Libro: El mejor de los mundos ( Barcelona: Anagrama, 2002): "Mi hermano" y "El niño que se tenía que morir".
Si, como bien nos dijo nuestra compañera y lectora Beatriz, los cuentos de Monzó se pueden dividir en lírico-realistas y en fantástico-grotescos, no cabe duda que "Mi hermano" es un relato fantástico-grotesco: en plena comida navideña, el hermano pequeño del protagonista muere sobre el plato de turrón. El protagonista, ante la estupefacción de sus padres, y con el fin de evitarles el doloroso trance que supone la muerte de un hijo, decide iniciar la absurda farsa de simular una indisposición y se hace cargo del "muerto", vistiéndolo, desvistiéndolo, llevándolo al instituto e incluso acompañándolo a vivir con la nueva novia de su hermano que, como el resto de la sociedad que los rodea, aprecia la discreción y el silencio del hermano, sin percatarse de su muerte. Por su puesto, los libros de taxidermia del padre del protagonista, le serán de gran ayuda al protagonista.
En este cuento percibimos una cierta ternura, una emotividad contenida (sobre todo en la relación del protagonista con sus padres) que no es muy habitual en los cuentos de Monzó. Se trata de una metáfora que pone en tela de juicio dos temas recurrentes en muchos de los cuentos que hemos leído en nuestro club este año: la dificultad que tenemos en las sociedades actuales de comunicarnos y de entablar relaciones personales no traumáticas y, por otra parte, la evasión de la realidad y el refugio en una existencia paralela que permita una existencia más placentera, menos frustrante o dolorosa.
El segundo cuento que comentamos, "El niño que se tenía que morir", se podría enmarcar en la clasificación "lírico-realista" de la que hablábamos más arriba. Aquí el protagonista es un niño de diez años que acompaña todos jueves a su madre costurera a casa de una familia burguesa de Barcelona, cuyo único hijo de 8 años padece una enfermedad que le obliga a permanecer en la casa. El protagonista, que relata su experiencia con la franqueza desinhibida de los niños de su edad, acompaña en esas horas al niño enfermo, juega con la gran batería de juguetes que posee este último y tiene la firme convicción de que, cuando el niño se muera, será compensado con la merecida herencia de muchos de esos juguetes o, al menos, con su juguete preferido: el juego de baloncesto. La muerte se produce, las semanas pasan, y la ansiedad, la indignación y el rencor del niño se suceden sin que los padres se acuerden de él, de sus momentos de juego en común y del derecho que tiene a hacerse con su merecida recompensa.
La acción transcurre en la España de fines de los años cincuenta, años de precariedad y de notables diferencias sociales que el autor quiere subrayar, en un ambiente exento de todo sentimentalismo en el que el cruel egoísmo del niño contrasta se justifica en cierta manera por la indiferencia y el olvido en los que caen sus "justas" pretensiones. Un mundo corriente egoísta y falto de piedad.

Un club para lectores en español

El Club de lectura es un espacio de encuentro de lectores, abierto a todos. Es una puesta en común de impresiones, opiniones, conocimientos y experiencias. Nos reuniremos una vez al mes y comentaremos un cuento, un relato o un artículo que habremos distribuido previamente.


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