jueves, 26 de febrero de 2009

Comentado De vuelta a casa, de Manuel Rico


Los lectores del club mostraron su satisfacción por la lectura de este cuento que narra la vida de un inmigrante ecuatoriano, Wilson Masters, antiguo maestro reconvertido a ayudante de obra. La larga jornada laboral de Wilson, con sus interminables desplazamientos y transbordos, permite hacer referencia al mundo de la soledad de los inmigrantes, de la precariedad, de la austeridad y el ahorro. Al protagonista, vencido por el cansancio, se le aparecen las imágenes de su amada Emilia y del pueblito cercano a Quito en el que ejercía su oficio de maestro. Al final el cuento acaba con la certficación por un médico español de la entrada en coma de Wilson, víctima de la caída de una viga en la obra en la que trabajaba.
La mayoría de los presentes estuvo de acuerdo en subrayar el doble sentido del título del cuento: la vuelta a casa física al piso que comparte con otros emigrantes al sur de Madrid y, por otra parte, la vuelta a su pueblo de origen al que oníricamente retorna en su agonía, pueblo al que retorna sólo a causa de la muerte inminente, morada última que podría representar la última acepción de la "vuelta a casa".
Es interesante el comentario que un lector hizo sobre la mezcla entre lo real y lo irreal, entre imagen y espejismo, entre vigilia y sueño, artificio usado por otros cuentistas como en el caso de Cortázar en La noche boca arriba o La isla a mediodía, en el que sólo al final, como es el caso del cuento de Rico, podemos discernir aquello que ha vivido el personaje y aquello que ha imaginado o soñado. Posiblemente, ni la vuelta a casa real durante su periplo urbano por Madrid, ni la vuelta a su aldea ecuatoriana percibida visualmente, tuvieron lugar más que en la conciencia moribunda de Wilson.
Aquí, el compromiso del autor con el tema es total, no sólo en la elección del argumento y del triste final, que supone una denuncia de las miserias de toda inmigración y a la siniestralidad laboral, sino también en su estilo intencionadamente conmovedor y solidario con el personaje.
El cuento nos dio pie para hablar del reciente boom inmobiliario desarrollista que ha hecho vivir a España en un aparente sueño de opulencia del que nos hemos despertado súbitamente una crisis que se ha cobrado como principales víctimas a la mano de obra inmigrante, gran parte de ella reclamada para trabajar precisamente en la construcción.
No nos olvidamos tampoco de comentar que, tras la precariedad material y laboral, existe un renuncia más dolorosa que es el abandono de los seres queridos, del lugar de origen y de las raíces, cuya secuela más dolorosa no es otra que la soledad.

Como complemento a los comentarios sobre Manuel Rico, invitamos a la lectura del artículo Narrativa, realidad y crisis, publicado en El País el 17 de noviembre de 2008.

1 comentario:

Beatriz dijo...

A mi me encantó este texto y me pareció que el autor, con una inmensa calidad humana, plasmó brillantemente todos los sacrificios y trabajos que padecen las personas que dejan sus países de origen en búsqueda de un futuro mejor. Estoy muy agradecida y contenta de haber descubierto un escritor tan sensible y que supiera enseñar las miserias de la riqueza representada en el pais rico y las miserias que se originan de la pobreza en un país pobre.

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